
Cuando nos encontramos con un amigo, incluso después de años, es como si lo hubiésemos visto un momento: retomamos la conversación como si de un diálogo interrumpido se tratase. Pero a verdad es que no se trata de un diálogo interrumpido ni de continuar la conversación. Porque no nos interesa saber que paso en el intervalo.
El tiempo de la amistad es granular, un sucederse de momentos presentes que se yuxtaponen. En cambio, el tiempo del enamoramiento es denso, continuo, espasmódico. De nuestro enamorado queremos saberlo todo: cómo pasa cada día y cada una de sus horas.
El tiempo del enamoramiento mezcla el más remoto pasado y el más lejano futuro. El enamoramiento es recuerdo y espera. (...)



1 comentario:
Esto... Pues...
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